Espiritualidad y Acción

 

“La envidia, los celos, la ambición, todo tipo de avidez, son pasiones; el amor es una acción, la práctica de un poder humano, que solo puede realizarse en la libertad y jamás como resultado de una compulsión.”

                                                                                                                                       Erich Fromm

                                                                                                                                                  

La semana pasada, en el post: Preparando un Vipassana (https://www.entuzentro.com/preparando-un-vipassana/) comentaba la importancia de detenerse en seco para observar la realidad.

Es algo que nos vá a pasar bien de manera voluntaria o bien de forma natural (una enfermedad, un accidente, una catástrofe, una pandemia, etc. ¿Te suena? O te paras, o la vida te para…tarde o temprano. Por lo tanto, es conveniente ser capaces de elegir los tiempos y preparar el entorno, rodearnos de personas con sabiduría que nos puedan ayudar en los momentos difíciles e incluso, buscar la compañía de personas afines que nos acompañen en este punto del proceso. Pero todo esto ya lo comenté, como he dicho, la semana anterior, aunque no está de más recordarlo.

Pues bien, el otro día en uno de nuestros encuentros de indagación, surgió la idea de que bien está esto de parar y descansar en nosotros mismos, quedándonos en un limbo donde todo está perfecto y no hay nada que hacer más. ¡Por fin hemos conseguido la paz absoluta!

Para nada. Tras el contacto íntimo con la realidad, comienza una nueva vida. De estos momentos infinitos de percepción contemplativa surge un elemento que hasta este momento no había estado presente: Nuestro Propósito Vital, cuya puesta en práctica es lo que nos da sentido. Entonces surge un llamamiento imperativo a la acción, a convertirnos en auténticos activistas de la Paz y del Amor en cualquier circunstancia que nos toca vivir, una invitación directa a romper con los hábitos sociales injustos y caducos, a romper con los convencionalismos estáticos y decadentes, es decir, a convertirnos en auténticos revolucionarios. No con armas ni con derrocamientos, sino utilizando nuestra vida como elemento de transformación.

No queda otra que ser auténticos y valientes, aunque esto nos cueste, en condiciones extremas, la vida.

Y si no me crees, solo tienes que repasar la vida de los grandes místicos, sea cual sea su tradición espiritual.

Por eso, pararnos a observar y sentir lo que hay es una experiencia absolutamente trasgresora y sus frutos son pequeñas semillas para una vida más plena.

Bienvenid@ a la Acción. Y a su antesala, que es el silencio.

Feliz día.

Gendo