Un inesperado giro de guion

Hace unos días compartimos comida con un querido compañero que, meses atrás, ha estado a punto de perder la vida en un accidente de montaña. Nos relató su aventura: cayó varios metros desde una cascada a un recoveco inaccesible, con varias costillas y la nariz rotas y quedó sumergido en agua a muy pocos grados (era invierno en alta montaña). Cuando los bomberos lo pudieron rescatar desde un helicóptero, tras más de media hora, tenía una fuerte hipotermia y su temperatura era inferior a 30 grados. No recordaba si fue un pequeño mareo, un despiste o un resbalón. Se siente muy afortunado de poderlo contar.

Aunque nos empeñemos en lo contrario, todo a nuestro alrededor y todos los momentos de nuestra vida están llenos de posibilidades de cambios inesperados de nuestro guion. Absolutamente todo. En la cocina, la bañera, o nuestra casa, en nuestro coche, nuestras relaciones, la salud, y así hasta el infinito.

Al hilo de esto me viene la pregunta: ¿realmente estoy preparado para aceptar estos cambios de guión, sean cuales sean? Hemos venido a la vida y nos iremos de ella y entre tanto, habremos tenido un sinfín de accidentes, imprevistos, tropiezos y, por supuesto, momentos de sorpresa que, si sabemos apreciar, nos pueden llevan a estados de percepción ampliada o estados cumbre.

Entiendo que desde que el hombre es hombre ha sentido la pulsión de evitar todo tipo de riesgos, es decir, buscar espacios de seguridad. Pero por mucho que lo intentemos no es posible. Así que solo nos queda convivir de una forma pacífica con la incertidumbre, o bien permanecer en una lucha sin tregua por conseguir seguridad (económica, afectiva, mental, de salud, etc.) Y la lucha agota, te lo puedo asegurar por propia experiencia.

No se me ocurre mejor preparación que hacer un duelo de mi propio personaje y, a través de dejarme caer abruptamente y sin red dentro de mí mismo, o sea, meditando, conectar con la sorpresa que nos depara, instante a instante, la vida.

En definitiva, pasar del guion previsible y aburrido a disfrutar de la montaña rusa que es la vida. Intentar mantener todo bajo control poniéndole mala cara al cambio o dejarnos fluir en un universo de oportunidades.

Feliz día.

Gendo