Cuando la guerra entra en nuestras vidas…

Todo se rompe, se abren abismos, grietas, pozos sin fondo… separación, distancia, desamor.

La vida nos lanza hacia nuevas rutas, somos exiliados de nuestra realidad antigua, refugiados que buscan un lugar de paz en el mundo, pero y nuestro corazón? está en paz o en guerra…?

Se rompen y caotizan las estructuras antiguas, los fundamentos de nuestras vidas, caen edificios enteros, perdemos todo, nos vemos desnudos, sin nada, culpables a veces, víctimas la mayoría. La vida entra en modo centrifugado…y toca soltar lo viejo conocido, lo seguro, lo confiable,

Qué inmenso vórtice se abre que engulle nuestras certezas y seguridades, se abre un espacio que parece vacío, oscuro, abismal…que me engulle.

Engulle una imagen antigua, lo que era, lo que fui, lo que fuimos…llegan nuevos tiempos, tiempos de nacimiento, recreación, exploración, renovación… la vida se recrea y renace en cada uno de nosotros, tras cada guerra.

Ojala salgamos vencedores de nuestras guerras internas, siendo capaces de conjugar al vencedor y al vencido, crear pactos amables para alimentar las distintas voces y pueblos, aprender a convivir, a escuchar voces contrapuestas, conciliar enemigos acérrimos que aprenden mutuamente y se ayudan a crecer.

Crear una realidad más potente, ampliando la visión de un solo bando para incorporar visiones múltiples y realidades complejas, ricas y diversas.

Quizás entonces, acaben las guerras entre los pueblos, ahí afuera….

Elena Villalba